El Señor ha llamado a su presencia a nuestro querido padre Joaquín Sáenz
Martínez, que lo había consagrado desde su bautismo, para entrar con él en una
alianza especial de amor a través de la profesión religiosa a la vida salesiana, haciéndolo también partícipe de su único y sumo sacerdocio. En el mismo día que nació Don Bosco, un 16 de agosto, pero del año 1922, el padre Joaquín
nacía en Logroño La Rioja. Sus padres Domingo Saenz y Carmen Martínez, cuatro días después lo llevaban a bautizar en la Parroquia de Santa
María de la Redonda. A los diez años sufrió la pérdida de la Mamá e ingresó al aspirantado del Instituto Nacional de Astudillo. Allí escuchó la llamada de Dios a los 19 años, en el noviciado de Gerona y bajo la guía del P. Lucas, preparaban su profesión religiosa; un 16 de agosto de 1941 realizaba su primera profesión de votos. Estudió la teología en Madrid de 1946 a 1950. Fue en ese último año que Monseñor Manuel Gonzales un 29 de junio en Carabanchel Alto lo ordenaba sacerdote con el lema: “Sacerdote para siempre”. Fueron 37 años que el padre Joaquín trabajó incansablemente en Barcelona: casas de formación de jóvenes salesianos, en colegios, santuarios, en la animación de cooperadores, asociaciones, cofradías, matrimonios y familias, sin duda, nos podemos imaginar, años intensos de trabajo pastoral… que dejó huella en varias generaciones. Cuando parecía que llegaba el retiro y la jubilación, a punto de cumplir 65 años llegó a Bolivia, un milagro, una bendición. Desde los primeros meses de su llegada ya organizó las ASOCIACIONES DE MARÍA AUXILIADORA, LOS SANTUARIOS MARIANOS y los Boletines del Santuario. Fue nombrado Asesor Nacional en la Inspectoría Boliviana de la promoción de iniciativas que
favorezcan la DEVOCIÓN A LA VIRGEN MARÍA. Fue un salesiano “enamorado de Don Bosco”. Como él tuvo un gran amor a la Iglesia y a sus pastores, a la formación de los jóvenes menos favorecidos, impulsó a las EPDB y la
Universidad. Y como él supo transmitir su buen humor, su alegría contagiante, se lo podía ver en su rostro, en sus ojos, en su sonrisa, su calma soberana de hombre extraordinariamente trabajador. Sin duda padre, rezamos junto a la Virgen por ti y creemos que intercederás por nosotros y las vocaciones, gracias por tu bondad, gracias por haber entregado tus últimos años de vida a esta Inspectoría, gracias por tu paternidad, gracias por tu sencillez y tu fino sentido del
humor, gracias por tu inmenso amor a Don Bosco y a la Congregación, gracias por tus últimas palabras de despedida: “La fe y el amor a la Virgen Auxiliadora ha sido mi salvación; pido perdón a todos… gracias a todos”. (De la homilía del P. Juan Pablo Zabala, Inspector, en la Eucaristía del día del entierro).

P. Joaquín Sáenz

El día de los Santos Inocentes, 28 de diciembre del 2007, partió a la Casa del Padre, nuestro querido hermano P. Franco Palazzo, a causa de un infarto
al corazón.
El P. Franco nació en Cisternino, provincia de Brindisi (Italia) el 7 de marzo de 1946. Después del noviciado hizo los primeros votos en 1963 y la profesión
perpetua en 1970. El 29 de junio de 1975 fue ordenado sacerdote en Roma por el papa Pablo VI.
Durante su vida salesiana en Bolivia se desempeñó como director del Aspirantado, párroco de la parroquia San Juan Bosco de El Alto, donde fue
canciller de la diócesis; director del colegio Don Bosco de La Paz; fue maestro de novicios por tres años, y director y párroco de la parroquia María Auxiliadora
de Cochabamba.
De verdad la Inspectoría ha perdido un hermano y un amigo muy entregado a la Iglesia y a la Misión salesiana: “En efecto la vida del Padre Franco estaba
llena de evangelio, que lo fue aprendiendo desde muy pequeño en su familia, casi tan humilde como la de Nazareth…
Una fe en el Señor que la fue desarrollando y madurando a lo largo de su vida cristiana y salesiana. El P. Franco se fue uniendo progresivamente al Señor Jesús, primero a través de la gracia del Bautismo el 31 de marzo del 1946, fecha
que recordaba con entusiasmo; de la Eucaristía de la Confirmación, después por medio de la Consagración religiosa que lo convertía en discípulo suyo, en seguida a través de la Ordenación sacerdotal que lo fue configurando con Él, y
que ahora lo hace partícipe para siempre de la Alegría y de la Paz en la vida eterna”.
(De la homilía del P. Juan Pablo Zabala, Inspector,en la Eucaristía del día del entierro).

 

P.Franco Palazzo