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Salesianos en Bolivia
Espiritualidad Salesiana
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¿Cómo vivir la Santidad Salesiana?

La santidad que propone San Juan Bosco es alcanzable en la vida diaria, obteniéndose mediante la alegría, responsabilidad, cumplimiento de los deberes, perseverancia y hasta en la misma diversión; es decir todo puede acercarnos a Dios, pero siempre y cuando se tenga como continuo soporte los sacramentos de la Eucaristía y Reconciliación. Por ello se puede vivir la Santidad Salesiana:

* Teniendo a Cristo como modelo y Maestro en el camino de la santidad.

* Siendo fieles a nuestro proyecto, a nuestra identidad salesiana.

* Viviendo la fidelidad de lo cotidiano.

* Obediencia centrada en el deber. Asumiendo el camino de ascesis: el trabajo y la templanza.

* Alimentando nuestra fuerza interior con la oración y los sacramentos.

* Cuidando momentos que permitan controlar la dispersión y el activismo: retiro mensual, ejercicios espirituales anuales, momentos litúrgicos fuertes y vida comunitaria.

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Beato Miguel Rua
Sociedad Salesiana

Nace en Turín el 9 de junio de 1837. Es el último de 9 hijos. Entró en el Oratorio de Valdocco en 1852.

Un día Don Bosco le dijo: "Nosotros dos haremos todo a medias". Estuvo entre los primeros a quienes Don Bosco propuso la "Sociedad Salesiana". Durante 36 años fue su colaborador más íntimo en todas las etapas del desarrollo de la Congregación. Profesó en 1855. Fue primer Director espiritual de la Sociedad a los 22 años (1859), sacerdote en 1860, primer Director del colegio de Miravello a los 26 años (1863-1865), Vicario de Valdocco (700 alumnos) y de la Sociedad, administrador de las "Lecturas Católicas", encargado de la formación (1869) y del personal. Director General de los Hijas de Mª Auxiliadora (1875), acompañaba a Don Bosco en sus viajes... Por una explícita petición del Fundador, en 1884, León XIII lo destinó a suceder a Don Bosco y lo confirmó Rector Mayor en 1888. Considerado como "regla viviente" por su austera fidelidad, Don Rua mostró una paternidad llena de delicadezas, tanto que fue definido "un soberano de la bondad". Con el aumento de los hermanos y el desarrollo de las obras, envió a los salesianos por todo el mundo cuidando en particular las expediciones misioneras. En los largos viajes realizado para visitar las obras salesianas en Europa y en Oriente Medio, confortaba y animaba, siempre apelando al Fundador: "Don Bosco decía... Don Bosco hacía... Don Bosco quería..."

Cuando murió, el 6 de abril de 1910, a los 73 años, la Sociedad había pasado de 773 a 4.000 salesianos, de 57 a 345 casas, de 6 a 34 Inspectorías en 33 países. Beatificándolo, Pablo VI afirmó: "La Familia Salesiana ha tenido en Don Bosco el origen y en Don Rua la continuidad… Él ha hecho del ejemplo del santo una escuela, de su regla un espíritu, de su santidad un modelo. Ha hecho del manantial un río".

Sus restos se veneran en la cripta de la Basílica de Maria Auxiliadora. Su memoria se celebra el 29 de octubre.

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Santa María Dominga Mazzarello

María Dominga Mazzarello nació en Mornés (Alessandría, norte de Italia) el 9 de mayo de 1837, en el seno de una familia numerosa, primogénita de diez hijos. Influenciada por este entorno, desde pequeña aprendió a abrirse al diálogo y a la colaboración. Creció en un clima sereno, armónico, humilde y feliz, entre gente sencilla, en un ambiente de espera paciente de las estaciones, en contacto con la naturaleza y dedicada a las tareas agrícolas. Sus padres fueron buenos educadores. Su madre, Magdalena Calcagno, era de carácter alegre y comunicativo. De ella recibió la formación femenina, acorde con las costumbres de la época, dedicada al trabajo doméstico y al cuidado de los hermanos. Pero fue de su padre, José Mazzarello, de quien recibió una sólida formación que la condujo a la asimilación de los valores humanos y cristianos. De él aprendió a mirar la vida con realismo concreto, sereno, a trabajar con sacrificio y esperanza, a descubrir el sentido de las cosas, de los acontecimientos, el significado de la vida del hombre y de su propia vida. Con su presencia paterna y sus intervenciones oportunas, le reveló a su hija la figura del verdadero educador. Otra influencia decisiva en la vida de María fue Don Domingo Pestarino, su asesor espiritual, quien ratificó la educación recibida de su padre y, durante veintisiete años, la orientó hacia una verdadera formación espiritual. A los 15 años, por invitación de Ángela Maccagno, ingresó al primer grupo de la Pía Unión de las Hijas de la Inmaculada. La pertenencia a esta asociación le dio la oportunidad de profundizar la devoción mariana. La Virgen se convirtió en el ideal de vida consagrada y apostólica. Entonces su compromiso se intensificó y se extendió a las jóvenes, a las madres de familia y a los enfermos del pueblo. A los 23 años, después de haber asistido a sus familiares enfermos de tifus, contrajo la enfermedad. Nunca más volvió a ser la misma de antes, no recuperó sus fuerzas físicas y este acontecimiento la llevó a decidir un cambio de actividad: ya no sería campesina, sino modista. Esta decisión fue más que una simple elección. Fue el origen de una nueva misión: la de vivir para Dios, haciendo el bien a las jóvenes y mujeres del pueblo. Un encuentro trascendente se produjo en el otoño de 1864, cuando Don Bosco (1815-1888), que había creado la congregación Salesiana en 1859 en Turín, llegó a Mornés de vacaciones con sus muchachos. Las Hijas de la Inmaculada se encargaron de prepararlo todo para recibirlos. María quedó impresionada por la personalidad del sacerdote. “Don Bosco es un santo y yo lo siento”, dijo a sus compañeras.
Los datos aportados por la historia permiten afirmar que el grupo de Mornés no fue el único que tuvo en cuenta Don Bosco para orientarse en la fundación de un instituto religioso femenino, aunque finalmente se decidió por él. En las Hijas de la Inmaculada de Mornés, el santo encontró un grupo con experiencia de vida en común, receptivo al espíritu salesiano y con una inserción vital en la sociedad decidida a dedicarse a la promoción del pueblo y especialmente de la mujer.
El 5 de agosto de 1872, María Mazzarello y sus otras compañeras profesaban sus primeros votos religiosos: nacía entonces el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Como superiora fue una hábil formadora y maestra en la vida espiritual. Tenía el carisma de la alegría serena, irradiando gozo e implicando a otras jóvenes en el empeño de dedicarse a la educación de la mujer. Cuando la Madre Mazzarello muere en Nizza Monferrato, el 14 de mayo de 1881, el Instituto tiene sólo nueve años de historia pero 26 casas, 166 hermanas, 50 novicias y 22 postulantes. Sus restos se veneran en la Basílica de María Auxiliadora en Turín. Su fiesta se celebra el 13 de mayo.

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Beato Artemides Zatti

Artemides Zatti nace en Boretto (Regio Emilia, Italia) el 12 de octubre de 1880. La familia, obligada por la pobreza, emigró a Argentina, a los 17 años llegó como inmigrante con sus padres y hermanos a principio de 1897 para establecerse en Bahía Blanca.

En 1908 Zatti se consagró a Dios como Salesiano Coadjutor (laico consagrado). Durante más de 40 años se dedicó a los enfermos del hospital San José, de Viedma. Fue encargado y administrador del hospital, que recibía enfermos de toda la región, ante la indiferencia, y a veces la oposición, de las autoridades locales. Ocho meses antes de su muerte, Zatti supo que tenía cáncer de hígado. Lo aceptó serenamente y siguió trabajando como siempre hasta que el mal lo postró en cama. Murió en Viedma, el 15 de marzo de 1951. Sus restos reposan ahora en la capilla de los Salesianos en Viedma. El proceso diocesano de canonización fue abierto el 22 de marzo de 1980. El 7 de julio de 1997 Artémides Zatti fue declarado Venerable y el 9 de marzo de 2000 fue reconocido por la comisión de médicos el milagro atribuido a su intercesión. Juan Pablo II lo beatifico el 14 de abril del 2002 en Roma.

 

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Beata Sor María Romero Meneses

Nació en Granada, Nicaragua, el 13 de enero de 1902 y murió en Las Peñitas, León (Nicaragua).

A los 28 años realizó sus votos en la Congregación Salesiana de las FMA. En 1931, hechos los votos perpetuos, fue enviada a San José de Costa Rica, que se convirtió en su segunda patria, durante 46 años se dedicó a servir a los necesitados.

Para muchos, fue un "Don Bosco" en femenino. En boca del pueblo fue una auténtica santa.

Fue declarada Venerable por el Papa Juan Pablo II el 8 de diciembre del año 2000, y fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 14 de abril de 2002.

 

 

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Luis Variara

El padre Luis Variara (Asti, 15 de junio de 1875 - Cúcuta, 1 de febrero de 1923) fue un sacerdote salesiano italiano cuya obra se desarrolló mayormente en la ciudad colombiana de Agua de Dios. Llegó a Colombia muy joven, a los 19 años, en los primeros grupos de misioneros salesianos enviados por Don Rúa a finales del siglo XIX y a instancias del padre Miguel Unia, el apóstol del lazareto de Agua de Dios, quien fue personalmente a Turín para traer a un joven músico que le ayudara en su obra en 1894. Con grandes dificultades por la Guerra de los Mil Días pudo terminar sus estudios de teología en Bogotá y fue ordenado sacerdote en 1898 y entonces se entregó al apostolado de los enfermos de lepra en Agua de Dios, especialmente de los niños y los jóvenes. Con algunas jóvenes hijas de enfermos de lepra o contaminadas ellas mismas, fundó un instituto religioso que tendría en sus inicios grandes dificultades a ser aceptado tanto por las autoridades religiosos de la época como por algunos de los superiores salesianos. La humildad con la que aceptó las dificultades y las numerosas cartas que dejó han sido la prueba fundamental de su santidad. En 1919 es alejado de Agua de Dios, motivo este de grandes sufrimientos y después enviado a Venezuela. Al sentir la hora de su muerte se hizo transferir a la ciudad de Cúcuta en donde fue acogido por una familia colombo-italiana, porque era su deseo morir en el suelo de la patria por la que había dado su vida. Fue beatificado el 14 de Abril de 2002 por Juan Pablo II.

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Beato Felipe Rinaldi

Su memoria se celebra el 5 de diciembre. Rector Mayor de la Congregación, fue director de Sarriá (Barcelona), contribuyó al desarrollo de la España salesiana. Nace el 28 de mayo de 1856 en Lu Monferrato (Alessandria, Italia). A los 21 años fue conquistado por Don Bosco.

Ordenado sacerdote, recibió el encargo de formar a los aspirantes y novicios. En 1889 Don Rua lo envió como Director a Sarriá (Barcelona, España). Llamado después a ser Inspector, contribuyó de modo decisivo al desarrollo de la "España salesiana". Nombrado Vicario General de la Congregación, reveló aún más sus dones de padre y su riqueza de iniciativas: Cuidado de las vocaciones, formación de centros de asistencia espiritual y social para jóvenes obreras, creador de empresas editoriales, guía y ayuda para las Hijas de Mª Auxiliadora en un particular momento de su historia. Dio un gran impulso a los Cooperadores. Instituyó las Federaciones Mundiales de los Antiguos Alumnos y de las Antiguas Alumnas. Trabajando entre las Celadoras de Mª Auxiliadora intuyó y recorrió un camino que llevaba a actuar una forma nueva de vida consagrada en el mundo, que después florecería en el Instituto secular de las "Voluntarias de Don Bosco". Fue elegido Rector Mayor en 1922. "A Don Rinaldi le falta sólo la voz de Don Bosco, todo lo demás lo tiene", dijo Don Francesia. Empeñó todas sus energías en adaptar el espíritu de Don Bosco a los tiempos. Cultivador de salesianidad y maestro de vida espiritual, reanimó la vida interior de los salesianos, la absoluta confianza en Dios, la ilimitada confianza en Mª Auxiliadora. Pidió a Pío XI la indulgencia del "trabajo santificado". Cuidó las misiones enviando muchos jóvenes para que aprendieran el idioma y las costumbres para una evangelización más penetrante.

Murió el 5 de diciembre de 1931. Sus restos se veneran en la cripta de la Basílica de Turín.

Su memoria se celebra el 5 de diciembre.
Beatificado el 29 de abril 1990 para Juan Pablo II

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Beato Augusto Czartoryski

Príncipe polaco del siglo XIX, presbítero y religioso de la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco (fecha de beatificación: 25 de abril de 2004).

Nació en París el 2 de agosto de 1858, en el exilio. Desde hacía unos treinta años su noble estirpe, vinculada a la historia y los intereses dinásticos de Polonia, había emigrado a Francia. El príncipe Adán Czartoryski había cedido la sucesión de la estirpe, así como de la actividad patriótica, al príncipe Ladislao, unido en matrimonio con la princesa María Amparo (hija de la reina de España María Cristina y del duque Rianzárez). Son estos los padres de Augusto, primogénito de la familia.Cuando tenía seis años murió su madre, enferma de tuberculosis, que transmitirá a su hijo. Cuando el mal manifestó en él sus primeros síntomas, comenzó para Augusto una larga peregrinación en busca de la salud, que nunca recuperaría: Italia, Suiza, Egipto, España... Pero no era la salud el principal objetivo de su búsqueda: coexistía en su alma juvenil otra búsqueda mucho más preciosa, la de su vocación.

Era consciente de que no estaba hecho para la vida de la corte. A los veinte años, en una carta a su padre le decía, entre otras cosas, aludiendo a las fiestas mundanas, en las que se veía obligado a participar: «Le confieso que estoy cansado de todo esto. Son diversiones inútiles, que me angustian».

San José Kalinowski —canonizado por Juan Pablo II en 1991—, que había sufrido diez años de trabajos forzados en Siberia, y después se hizo carmelita, fue preceptor de Augusto sólo durante tres años (1874-1877), pero dejó en él una profunda huella. Por él sabemos que quienes orientaron al príncipe en su búsqueda vocacional fueron sobre todo las figuras de san Luis Gonzaga y de san Estanislao de Kostka. Le entusiasmaba el lema de este último: «Ad maiora natus sum». «La vida de san Luis, del padre Cepari, que me mandaron de Italia —escribe Kalinowski— influyó mucho en el progreso espiritual de Augusto y le abrió el camino a una unión más fácil con Dios».Pero el acontecimiento decisivo de su vida fue el encuentro con don Bosco. Augusto tenía 25 años. Sucedió en París, precisamente en el palacio Lambert, donde el fundador de los salesianos celebró la misa en el oratorio de la familia. Los acólitos fueron el príncipe Ladislao y Augusto. Desde aquel día Augusto vio en el santo educador al padre de su alma y al árbitro de su porvenir.En el joven la vocación a la vida religiosa se había ido afirmando cada vez más. A pesar de ser el primer heredero, no sentía inclinación a formar una familia. Después del encuentro con don Bosco, Augusto no sólo sintió que se reforzaba su vocación al estado religioso, sino que tuvo la clara convicción de que estaba llamado a ser salesiano. Desde entonces, en cuanto su padre se lo permitía, iba a Turín para encontrarse con don Bosco y recibir sus consejos. Hizo también varias veces ejercicios espirituales bajo la dirección del santo.

Don Bosco tuvo siempre una actitud de gran cautela sobre la aceptación del príncipe en su congregación. Fue el Papa León XIII, en persona, quien disipó toda duda. Reconociendo la voluntad de Augusto, el Papa concluyó: «Decid a don Bosco que es voluntad del Papa que os reciba entre los salesianos». «Muy bien, amigo mío», respondió inmediatamente don Bosco, «yo lo acepto. Desde este instante, usted forma parte de nuestra Sociedad y deseo que pertenezca a ella hasta la muerte».

A finales de junio de 1887, tras renunciar a todos sus derechos en favor de sus hermanos, fue enviado a San Benigno Canavese para un breve aspirantado, antes del noviciado, que comenzó en ese mismo año. Tuvo que luchar contra los intentos de su familia, que no se resignaba a esa elección. Su padre iba a visitarlo y trataba de disuadirlo. Emitió los votos el 24 de noviembre de 1887 en la basílica de María Auxiliadora ante don Bosco. «Ánimo, mi príncipe —le susurró el santo—. Hoy hemos alcanzado una magnífica victoria. Pero puedo también decirle, con gran alegría, que llegará un día en el que usted será sacerdote y por voluntad de Dios hará mucho bien a su patria». Don Bosco murió dos meses después.

A causa de su enfermedad lo enviaron a estudiar la teología a la costa de Liguria. El decurso de su enfermedad hizo que su familia renovara con mayor insistencia sus intentos de alejarlo de la vocación. Al cardenal Parocchi, a quien pidieron que influyera para apartarlo de la vida salesiana, él le escribe: «En plena libertad he querido emitir los votos, y lo hice con gran alegría de mi corazón. Desde aquel día, viviendo en la Congregación, disfruto de una gran paz de espíritu, y doy gracias al Señor que me ha permitido conocer la Sociedad Salesiana y me ha llamado a vivir en ella».Fue ordenado sacerdote el 2 de abril de 1892 en San Remo por mons. Tommaso Reggio, obispo de Ventimiglia. Su padre, el príncipe Ladislao, y su tía Isa no asistieron a la ordenación, aunque poco después toda la familia aceptó plenamente su vocación.

La vida sacerdotal de don Augusto duró sólo un año, que pasó en Alassio, en una habitación que daba al patio de los muchachos. El cardenal Cagliero resume así este último período de su vida: «Ya no era de este mundo. Su unión con Dios, la conformidad perfecta con la divina voluntad en la enfermedad agravada, el deseo de configurarse con Jesucristo en los sufrimientos y en las aflicciones lo hacían heroico en la paciencia, sereno en el espíritu, e invencible, más que en el dolor, en el amor de Dios».Murió en Alassio la tarde del sábado 8 de abril de 1893, en la octava de Pascua, sentado en el sillón que había usado don Bosco. «¡Qué hermosa Pascua!», había dicho el lunes al hermano que lo asistía, sin imaginar que el último día de la octava lo habría celebrado en el paraíso.Tenía treinta y cinco años de edad y cinco de vida salesiana. En su recordatorio de primera misa había escrito: «Para mí un día en tus atrios vale más que mil fuera. Bienaventurado quien vive en tu casa: siempre canta tus alabanzas» (Salmo 83).
Sus restos fueron trasladados a Polonia y sepultados en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a la tumba de familia. Sucesivamente fueron trasladados a la iglesia salesiana de Przemysl.

(Texto: L’Osservatore romano, edición en lengua española, 23 de abril de 2004).

 

 

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Sor Eusebia Palomino

Hija de María Auxiliadora española, fue beatificada el 25 de abril de 2004.

Eusebia Palomino Yenes, nacida en Cantalpino (Salamanca), el 15 de diciembre de 1899, pasó una infancia pobre, pero radiante de luz y de fe, en la pobrísima casa en donde el padre, la madre y las hermanas alternaban el trabajo y la oración, en un clima de amor recíproco y de solícita caridad para todos. Ya desde muy joven, su vida se vio marcada por intensas jornadas de trabajo en favor de familias de su pueblo y, más tarde, también de la ciudad.

Habiendo aprendido de su padre, con vivo interés, las primeras nociones del catecismo, le consintieron recibir el “Pan del Cielo”, a los nueve años. En esos momentos Eusebia vive en su interior algo grande e inefable: se ha encendido la llama de un intenso amor a Jesús Sacramentado, que le produce una felicidad inmensa en cada encuentro eucarístico. Este amor la lleva a vencer las dificultades y a superar el tierno afecto que siente por su familia, para consagrarse enteramente al Señor como Hija de María Auxiliadora (1924). Destinada a la casa de Valverde del Camino (diócesis de Huelva) se le confía la cocina y otras responsabilidades comunitarias, para las cuales se ofrece con su servicio amable y su alegre disponibilidad. En el Oratorio Festivo se encarga, con eficacia, de las niñas más pequeñas, aunque con frecuencia se ve rodeada de jóvenes e, incluso, de adultos, todos atraídos por su espíritu de oración y de fe convencida y que convence. Su deseo más profundo era “hacer resonar en cada casa la oración” y que en cada alma fuera honrada la Pasión del Señor.

Ella misma se hace propagandista incansable de la devoción a las Llagas del Señor a fin de obtener el perdón y la misericordia para todos los pecadores. En 1931, poco antes de la revolución, sor Eusebia se ofrece al Señor, víctima por la salvación de sus hermanos de España y del mundo. Durante tres años vivirá en medio de terribles sufrimientos en una creciente y alegre espera del paraíso, que culminará el 10 de febrero de 1933. Su cuerpo reposa en Valverde.

Fuente: Salesianos-madrid.com

 

 

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Luis Versiglia y Calixto Caravario

Junto con ellos, otros 118 mártires, fueron asesinados en China a lo largo de casi tres siglos (1648 1930). El grupo de los mártires está compuesto por 87 chinos, 13 franceses, 12 italianos, 6 españoles, 1 belga y 1 holandés. Abarca personas de todas las edades: de los 9 a los 79 años. Pertenecen a 7 congregaciones religiosas:

Orden de los Hermanos Predicadores (6), Sociedad para las Misiones extranjeras de París y socios (24), Congregación de la Misión (1), Orden de los Frailes Menores (30), Compañía de Jesús (56), Instituto Pontificio para las Misiones en el Extranjero (1), Salesianos de Don Bosco (2).

El grupo lo forman 70 seglares, 6 obispos, 23 sacerdotes, 8 religiosos, 7 seminaristas y 6 Franciscanos Seculares. Fueron beatificados en un período que va de 1893 a 1983. Los más recientes son nuestros protomártires salesianos, beatificados por Juan Pablo II el 15 de mayo de 1983.

Desde pequeño, Luis Versiglia cultivaba el sueño de las misiones. En 1906, este sueño se realiza y, a los 33 años, es el responsable de la primera expedición a China del primer grupo salesianos. Trabajo en Macao, donde es llamado "padre de los huérfanos" y donde se le aprecia como director espiritual. En 1920 es elegido como Obispo de Schiu-chow, en la región del Kwangtung, al sur de la China, en un período de graves tensiones sociales y políticas que sacudirán cada vez más las misiones católicas.

Entre Monseñor Luis Versiglia y Don Calixto Caravario puede encontrarse el hilo conductor de una promesa que los unirá para siempre en el martirio. En 1919, Calixto, joven clérigo salesiano, manifestó al obispo su voluntad de reunirse con él cuanto antes en las misiones de China. La promesa se realizó diez años más tarde: Calixto fue ordenado sacerdote de manos de Monseñor Versiglia. Su sacerdocio fue muy breve, apenas ocho meses, que celebrará definitivamente con su último y solemne ofertorio: su propia vida.

Los dos santos fueron asesinados el 25 de febrero de 1930, en Lai-Tau-Tsui.

Viajaban en barca por el río Lin-chow junto con tres hombres, cuatro mujeres, -tres de las cuales eran jóvenes-, y a las personas de la tripulación. Fueron detenidos por una banda compuesta por unos diez hombres en busca de dinero y de objetos de valor pero, cuando éstos notaron la presencia de las jóvenes, dirigieron toda su atención a ellas. Los dos misioneros intuyeron las intenciones de los bandidos y se opusieron con decisión, pero fueron golpeados y asesinados por su resistencia en la defensa del honor de las tres muchachas. En el momento de morir, suplicaron a Dios el perdón para aquellos asesinos.

Los protomártires salesianos, junto a los otros mártires del grupo, constituyen la expresión del servicio misionero universal de la Iglesia. Su martirio ha unido a cristianos chinos y extranjeros, seglares y sacerdotes, hombres y mujeres de todas las edades; signo de que la fe cristiana sabe superar las fronteras nacionales y raciales y procura crear una sola comunidad de santos que celebra con Dios la liturgia celestial.

Los mártires chinos son los primeros santos canonizados pertenecientes a la región más populosa del mundo.

(fuente: www.sdb.org)

 

 

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