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Salesianos en Bolivia
Espiritualidad Salesiana |
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¿Cómo vivir
la Santidad Salesiana?
La santidad que propone
San Juan Bosco es alcanzable en la vida
diaria, obteniéndose mediante la
alegría, responsabilidad, cumplimiento
de los deberes, perseverancia y hasta
en la misma diversión; es decir
todo puede acercarnos a Dios, pero siempre
y cuando se tenga como continuo soporte
los sacramentos de la Eucaristía
y Reconciliación. Por ello se puede
vivir la Santidad Salesiana:
* Teniendo a Cristo
como modelo y Maestro en el camino de
la santidad.
* Siendo fieles a nuestro
proyecto, a nuestra identidad salesiana.
* Viviendo la fidelidad
de lo cotidiano.
* Obediencia centrada
en el deber. Asumiendo el camino de ascesis:
el trabajo y la templanza.
* Alimentando nuestra
fuerza interior con la oración
y los sacramentos.
* Cuidando momentos
que permitan controlar la dispersión
y el activismo: retiro mensual, ejercicios
espirituales anuales, momentos litúrgicos
fuertes y vida comunitaria.
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Sociedad
Salesiana
Nace en Turín el 9 de junio de 1837.
Es el último de 9 hijos. Entró en el
Oratorio de Valdocco en 1852.
Un día Don Bosco le dijo:
"Nosotros dos haremos todo a medias". Estuvo
entre los primeros a quienes Don Bosco propuso la
"Sociedad Salesiana". Durante 36 años
fue su colaborador más íntimo en todas
las etapas del desarrollo de la Congregación.
Profesó en 1855. Fue primer Director espiritual
de la Sociedad a los 22 años (1859), sacerdote
en 1860, primer Director del colegio de Miravello
a los 26 años (1863-1865), Vicario de Valdocco
(700 alumnos) y de la Sociedad, administrador de las
"Lecturas Católicas", encargado de
la formación (1869) y del personal. Director
General de los Hijas de Mª Auxiliadora (1875),
acompañaba a Don Bosco en sus viajes... Por
una explícita petición del Fundador,
en 1884, León XIII lo destinó a suceder
a Don Bosco y lo confirmó Rector Mayor en 1888.
Considerado como "regla viviente" por su
austera fidelidad, Don Rua mostró una paternidad
llena de delicadezas, tanto que fue definido "un
soberano de la bondad". Con el aumento de los
hermanos y el desarrollo de las obras, envió
a los salesianos por todo el mundo cuidando en particular
las expediciones misioneras. En los largos viajes
realizado para visitar las obras salesianas en Europa
y en Oriente Medio, confortaba y animaba, siempre
apelando al Fundador: "Don Bosco decía...
Don Bosco hacía... Don Bosco quería..."
Cuando murió, el 6 de abril
de 1910, a los 73 años, la Sociedad había
pasado de 773 a 4.000 salesianos, de 57 a 345 casas,
de 6 a 34 Inspectorías en 33 países.
Beatificándolo, Pablo VI afirmó: "La
Familia Salesiana ha tenido en Don Bosco el origen
y en Don Rua la continuidad… Él ha hecho
del ejemplo del santo una escuela, de su regla un
espíritu, de su santidad un modelo. Ha hecho
del manantial un río".
Sus restos se veneran en la cripta
de la Basílica de Maria Auxiliadora. Su memoria
se celebra el 29 de octubre.


Santa
María Dominga Mazzarello
María Dominga Mazzarello nació en Mornés
(Alessandría, norte de Italia) el 9 de mayo
de 1837, en el seno de una familia numerosa, primogénita
de diez hijos. Influenciada por este entorno, desde
pequeña aprendió a abrirse al diálogo
y a la colaboración. Creció en un clima
sereno, armónico, humilde y feliz, entre gente
sencilla, en un ambiente de espera paciente de las
estaciones, en contacto con la naturaleza y dedicada
a las tareas agrícolas. Sus padres fueron buenos
educadores. Su madre, Magdalena Calcagno, era de carácter
alegre y comunicativo. De ella recibió la formación
femenina, acorde con las costumbres de la época,
dedicada al trabajo doméstico y al cuidado
de los hermanos. Pero fue de su padre, José
Mazzarello, de quien recibió una sólida
formación que la condujo a la asimilación
de los valores humanos y cristianos. De él
aprendió a mirar la vida con realismo concreto,
sereno, a trabajar con sacrificio y esperanza, a descubrir
el sentido de las cosas, de los acontecimientos, el
significado de la vida del hombre y de su propia vida.
Con su presencia paterna y sus intervenciones oportunas,
le reveló a su hija la figura del verdadero
educador. Otra influencia decisiva en la vida de María
fue Don Domingo Pestarino, su asesor espiritual, quien
ratificó la educación recibida de su
padre y, durante veintisiete años, la orientó
hacia una verdadera formación espiritual. A
los 15 años, por invitación de Ángela
Maccagno, ingresó al primer grupo de la Pía
Unión de las Hijas de la Inmaculada. La pertenencia
a esta asociación le dio la oportunidad de
profundizar la devoción mariana. La Virgen
se convirtió en el ideal de vida consagrada
y apostólica. Entonces su compromiso se intensificó
y se extendió a las jóvenes, a las madres
de familia y a los enfermos del pueblo. A los 23 años,
después de haber asistido a sus familiares
enfermos de tifus, contrajo la enfermedad. Nunca más
volvió a ser la misma de antes, no recuperó
sus fuerzas físicas y este acontecimiento la
llevó a decidir un cambio de actividad: ya
no sería campesina, sino modista. Esta decisión
fue más que una simple elección. Fue
el origen de una nueva misión: la de vivir
para Dios, haciendo el bien a las jóvenes y
mujeres del pueblo. Un encuentro trascendente se produjo
en el otoño de 1864, cuando Don Bosco (1815-1888),
que había creado la congregación Salesiana
en 1859 en Turín, llegó a Mornés
de vacaciones con sus muchachos. Las Hijas de la Inmaculada
se encargaron de prepararlo todo para recibirlos.
María quedó impresionada por la personalidad
del sacerdote. “Don Bosco es un santo y yo lo
siento”, dijo a sus compañeras.
Los datos aportados por la historia permiten afirmar
que el grupo de Mornés no fue el único
que tuvo en cuenta Don Bosco para orientarse en la
fundación de un instituto religioso femenino,
aunque finalmente se decidió por él.
En las Hijas de la Inmaculada de Mornés, el
santo encontró un grupo con experiencia de
vida en común, receptivo al espíritu
salesiano y con una inserción vital en la sociedad
decidida a dedicarse a la promoción del pueblo
y especialmente de la mujer.
El 5 de agosto de 1872, María Mazzarello y
sus otras compañeras profesaban sus primeros
votos religiosos: nacía entonces el Instituto
de las Hijas de María Auxiliadora. Como superiora
fue una hábil formadora y maestra en la vida
espiritual. Tenía el carisma de la alegría
serena, irradiando gozo e implicando a otras jóvenes
en el empeño de dedicarse a la educación
de la mujer. Cuando la Madre Mazzarello muere en Nizza
Monferrato, el 14 de mayo de 1881, el Instituto tiene
sólo nueve años de historia pero 26
casas, 166 hermanas, 50 novicias y 22 postulantes.
Sus restos se veneran en la Basílica de María
Auxiliadora en Turín. Su fiesta se celebra
el 13 de mayo.


Artemides Zatti nace en Boretto
(Regio Emilia, Italia) el 12 de octubre de 1880. La
familia, obligada por la pobreza, emigró a
Argentina, a los 17 años llegó como
inmigrante con sus padres y hermanos a principio de
1897 para establecerse en Bahía Blanca.
En 1908 Zatti se consagró
a Dios como Salesiano Coadjutor (laico consagrado).
Durante más de 40 años se dedicó
a los enfermos del hospital San José, de Viedma.
Fue encargado y administrador del hospital, que recibía
enfermos de toda la región, ante la indiferencia,
y a veces la oposición, de las autoridades
locales. Ocho meses antes de su muerte, Zatti supo
que tenía cáncer de hígado. Lo
aceptó serenamente y siguió trabajando
como siempre hasta que el mal lo postró en
cama. Murió en Viedma, el 15 de marzo de 1951.
Sus restos reposan ahora en la capilla de los Salesianos
en Viedma. El proceso diocesano de canonización
fue abierto el 22 de marzo de 1980. El 7 de julio
de 1997 Artémides Zatti fue declarado Venerable
y el 9 de marzo de 2000 fue reconocido por la comisión
de médicos el milagro atribuido a su intercesión.
Juan Pablo II lo beatifico el 14 de abril del 2002
en Roma.

Beata
Sor María Romero Meneses
Nació en Granada, Nicaragua, el 13 de enero de
1902 y murió en Las Peñitas, León
(Nicaragua).
A los 28 años realizó sus votos en
la Congregación Salesiana de las FMA. En 1931,
hechos los votos perpetuos, fue enviada a San José
de Costa Rica, que se convirtió en su segunda
patria, durante 46 años se dedicó a
servir a los necesitados.
Para muchos, fue un "Don Bosco" en femenino.
En boca del pueblo fue una auténtica santa.
Fue declarada Venerable por el Papa Juan Pablo II
el 8 de diciembre del año 2000, y fue beatificada
por el Papa Juan Pablo II el 14 de abril de 2002.


El padre Luis Variara (Asti, 15 de junio de 1875 -
Cúcuta, 1 de febrero de 1923) fue un sacerdote
salesiano italiano cuya obra se desarrolló
mayormente en la ciudad colombiana de Agua de Dios.
Llegó a Colombia muy joven, a los 19 años,
en los primeros grupos de misioneros salesianos enviados
por Don Rúa a finales del siglo XIX y a instancias
del padre Miguel Unia, el apóstol del lazareto
de Agua de Dios, quien fue personalmente a Turín
para traer a un joven músico que le ayudara
en su obra en 1894. Con grandes dificultades por la
Guerra de los Mil Días pudo terminar sus estudios
de teología en Bogotá y fue ordenado
sacerdote en 1898 y entonces se entregó al
apostolado de los enfermos de lepra en Agua de Dios,
especialmente de los niños y los jóvenes.
Con algunas jóvenes hijas de enfermos de lepra
o contaminadas ellas mismas, fundó un instituto
religioso que tendría en sus inicios grandes
dificultades a ser aceptado tanto por las autoridades
religiosos de la época como por algunos de
los superiores salesianos. La humildad con la que
aceptó las dificultades y las numerosas cartas
que dejó han sido la prueba fundamental de
su santidad. En 1919 es alejado de Agua de Dios, motivo
este de grandes sufrimientos y después enviado
a Venezuela. Al sentir la hora de su muerte se hizo
transferir a la ciudad de Cúcuta en donde fue
acogido por una familia colombo-italiana, porque era
su deseo morir en el suelo de la patria por la que
había dado su vida. Fue beatificado el 14 de
Abril de 2002 por Juan Pablo II.


Su memoria se celebra el 5 de diciembre.
Rector Mayor de la Congregación, fue director
de Sarriá (Barcelona), contribuyó al
desarrollo de la España salesiana. Nace el
28 de mayo de 1856 en Lu Monferrato (Alessandria,
Italia). A los 21 años fue conquistado por
Don Bosco.
Ordenado sacerdote, recibió
el encargo de formar a los aspirantes y novicios.
En 1889 Don Rua lo envió como Director a Sarriá
(Barcelona, España). Llamado después
a ser Inspector, contribuyó de modo decisivo
al desarrollo de la "España salesiana".
Nombrado Vicario General de la Congregación,
reveló aún más sus dones de padre
y su riqueza de iniciativas: Cuidado de las vocaciones,
formación de centros de asistencia espiritual
y social para jóvenes obreras, creador de empresas
editoriales, guía y ayuda para las Hijas de
Mª Auxiliadora en un particular momento de su
historia. Dio un gran impulso a los Cooperadores.
Instituyó las Federaciones Mundiales de los
Antiguos Alumnos y de las Antiguas Alumnas. Trabajando
entre las Celadoras de Mª Auxiliadora intuyó
y recorrió un camino que llevaba a actuar una
forma nueva de vida consagrada en el mundo, que después
florecería en el Instituto secular de las "Voluntarias
de Don Bosco". Fue elegido Rector Mayor en 1922.
"A Don Rinaldi le falta sólo la voz de
Don Bosco, todo lo demás lo tiene", dijo
Don Francesia. Empeñó todas sus energías
en adaptar el espíritu de Don Bosco a los tiempos.
Cultivador de salesianidad y maestro de vida espiritual,
reanimó la vida interior de los salesianos,
la absoluta confianza en Dios, la ilimitada confianza
en Mª Auxiliadora. Pidió a Pío
XI la indulgencia del "trabajo santificado".
Cuidó las misiones enviando muchos jóvenes
para que aprendieran el idioma y las costumbres para
una evangelización más penetrante.
Murió el 5 de diciembre de
1931. Sus restos se veneran en la cripta de la Basílica
de Turín.
Su memoria se celebra el 5 de diciembre.
Beatificado el 29 de abril 1990 para Juan Pablo II


Beato Augusto Czartoryski
Príncipe polaco del siglo
XIX, presbítero y religioso de la Sociedad
Salesiana de San Juan Bosco (fecha de beatificación:
25 de abril de 2004).
Nació en París el 2
de agosto de 1858, en el exilio. Desde hacía
unos treinta años su noble estirpe, vinculada
a la historia y los intereses dinásticos de
Polonia, había emigrado a Francia. El príncipe
Adán Czartoryski había cedido la sucesión
de la estirpe, así como de la actividad patriótica,
al príncipe Ladislao, unido en matrimonio con
la princesa María Amparo (hija de la reina
de España María Cristina y del duque
Rianzárez). Son estos los padres de Augusto,
primogénito de la familia.Cuando tenía
seis años murió su madre, enferma de
tuberculosis, que transmitirá a su hijo. Cuando
el mal manifestó en él sus primeros
síntomas, comenzó para Augusto una larga
peregrinación en busca de la salud, que nunca
recuperaría: Italia, Suiza, Egipto, España...
Pero no era la salud el principal objetivo de su búsqueda:
coexistía en su alma juvenil otra búsqueda
mucho más preciosa, la de su vocación.
Era consciente de que no estaba hecho
para la vida de la corte. A los veinte años,
en una carta a su padre le decía, entre otras
cosas, aludiendo a las fiestas mundanas, en las que
se veía obligado a participar: «Le confieso
que estoy cansado de todo esto. Son diversiones inútiles,
que me angustian».
San José Kalinowski —canonizado
por Juan Pablo II en 1991—, que había
sufrido diez años de trabajos forzados en Siberia,
y después se hizo carmelita, fue preceptor
de Augusto sólo durante tres años (1874-1877),
pero dejó en él una profunda huella.
Por él sabemos que quienes orientaron al príncipe
en su búsqueda vocacional fueron sobre todo
las figuras de san Luis Gonzaga y de san Estanislao
de Kostka. Le entusiasmaba el lema de este último:
«Ad maiora natus sum». «La vida
de san Luis, del padre Cepari, que me mandaron de
Italia —escribe Kalinowski— influyó
mucho en el progreso espiritual de Augusto y le abrió
el camino a una unión más fácil
con Dios».Pero el acontecimiento decisivo de
su vida fue el encuentro con don Bosco. Augusto tenía
25 años. Sucedió en París, precisamente
en el palacio Lambert, donde el fundador de los salesianos
celebró la misa en el oratorio de la familia.
Los acólitos fueron el príncipe Ladislao
y Augusto. Desde aquel día Augusto vio en el
santo educador al padre de su alma y al árbitro
de su porvenir.En el joven la vocación a la
vida religiosa se había ido afirmando cada
vez más. A pesar de ser el primer heredero,
no sentía inclinación a formar una familia.
Después del encuentro con don Bosco, Augusto
no sólo sintió que se reforzaba su vocación
al estado religioso, sino que tuvo la clara convicción
de que estaba llamado a ser salesiano. Desde entonces,
en cuanto su padre se lo permitía, iba a Turín
para encontrarse con don Bosco y recibir sus consejos.
Hizo también varias veces ejercicios espirituales
bajo la dirección del santo.
Don Bosco tuvo siempre una actitud
de gran cautela sobre la aceptación del príncipe
en su congregación. Fue el Papa León
XIII, en persona, quien disipó toda duda. Reconociendo
la voluntad de Augusto, el Papa concluyó: «Decid
a don Bosco que es voluntad del Papa que os reciba
entre los salesianos». «Muy bien, amigo
mío», respondió inmediatamente
don Bosco, «yo lo acepto. Desde este instante,
usted forma parte de nuestra Sociedad y deseo que
pertenezca a ella hasta la muerte».
A finales de junio de 1887, tras
renunciar a todos sus derechos en favor de sus hermanos,
fue enviado a San Benigno Canavese para un breve aspirantado,
antes del noviciado, que comenzó en ese mismo
año. Tuvo que luchar contra los intentos de
su familia, que no se resignaba a esa elección.
Su padre iba a visitarlo y trataba de disuadirlo.
Emitió los votos el 24 de noviembre de 1887
en la basílica de María Auxiliadora
ante don Bosco. «Ánimo, mi príncipe
—le susurró el santo—. Hoy hemos
alcanzado una magnífica victoria. Pero puedo
también decirle, con gran alegría, que
llegará un día en el que usted será
sacerdote y por voluntad de Dios hará mucho
bien a su patria». Don Bosco murió dos
meses después.
A causa de su enfermedad lo enviaron
a estudiar la teología a la costa de Liguria.
El decurso de su enfermedad hizo que su familia renovara
con mayor insistencia sus intentos de alejarlo de
la vocación. Al cardenal Parocchi, a quien
pidieron que influyera para apartarlo de la vida salesiana,
él le escribe: «En plena libertad he
querido emitir los votos, y lo hice con gran alegría
de mi corazón. Desde aquel día, viviendo
en la Congregación, disfruto de una gran paz
de espíritu, y doy gracias al Señor
que me ha permitido conocer la Sociedad Salesiana
y me ha llamado a vivir en ella».Fue ordenado
sacerdote el 2 de abril de 1892 en San Remo por mons.
Tommaso Reggio, obispo de Ventimiglia. Su padre, el
príncipe Ladislao, y su tía Isa no asistieron
a la ordenación, aunque poco después
toda la familia aceptó plenamente su vocación.
La vida sacerdotal de don Augusto
duró sólo un año, que pasó
en Alassio, en una habitación que daba al patio
de los muchachos. El cardenal Cagliero resume así
este último período de su vida: «Ya
no era de este mundo. Su unión con Dios, la
conformidad perfecta con la divina voluntad en la
enfermedad agravada, el deseo de configurarse con
Jesucristo en los sufrimientos y en las aflicciones
lo hacían heroico en la paciencia, sereno en
el espíritu, e invencible, más que en
el dolor, en el amor de Dios».Murió en
Alassio la tarde del sábado 8 de abril de 1893,
en la octava de Pascua, sentado en el sillón
que había usado don Bosco. «¡Qué
hermosa Pascua!», había dicho el lunes
al hermano que lo asistía, sin imaginar que
el último día de la octava lo habría
celebrado en el paraíso.Tenía treinta
y cinco años de edad y cinco de vida salesiana.
En su recordatorio de primera misa había escrito:
«Para mí un día en tus atrios
vale más que mil fuera. Bienaventurado quien
vive en tu casa: siempre canta tus alabanzas»
(Salmo 83).
Sus restos fueron trasladados a Polonia y sepultados
en la cripta parroquial de Sieniawa, junto a la tumba
de familia. Sucesivamente fueron trasladados a la
iglesia salesiana de Przemysl.
(Texto: L’Osservatore romano,
edición en lengua española, 23 de abril
de 2004).


Hija de María Auxiliadora
española, fue beatificada el 25 de abril de
2004.
Eusebia Palomino Yenes, nacida en
Cantalpino (Salamanca), el 15 de diciembre de 1899,
pasó una infancia pobre, pero radiante de luz
y de fe, en la pobrísima casa en donde el padre,
la madre y las hermanas alternaban el trabajo y la
oración, en un clima de amor recíproco
y de solícita caridad para todos. Ya desde
muy joven, su vida se vio marcada por intensas jornadas
de trabajo en favor de familias de su pueblo y, más
tarde, también de la ciudad.
Habiendo aprendido de su padre, con
vivo interés, las primeras nociones del catecismo,
le consintieron recibir el “Pan del Cielo”,
a los nueve años. En esos momentos Eusebia
vive en su interior algo grande e inefable: se ha
encendido la llama de un intenso amor a Jesús
Sacramentado, que le produce una felicidad inmensa
en cada encuentro eucarístico. Este amor la
lleva a vencer las dificultades y a superar el tierno
afecto que siente por su familia, para consagrarse
enteramente al Señor como Hija de María
Auxiliadora (1924). Destinada a la casa de Valverde
del Camino (diócesis de Huelva) se le confía
la cocina y otras responsabilidades comunitarias,
para las cuales se ofrece con su servicio amable y
su alegre disponibilidad. En el Oratorio Festivo se
encarga, con eficacia, de las niñas más
pequeñas, aunque con frecuencia se ve rodeada
de jóvenes e, incluso, de adultos, todos atraídos
por su espíritu de oración y de fe convencida
y que convence. Su deseo más profundo era “hacer
resonar en cada casa la oración” y que
en cada alma fuera honrada la Pasión del Señor.
Ella misma se hace propagandista
incansable de la devoción a las Llagas del
Señor a fin de obtener el perdón y la
misericordia para todos los pecadores. En 1931, poco
antes de la revolución, sor Eusebia se ofrece
al Señor, víctima por la salvación
de sus hermanos de España y del mundo. Durante
tres años vivirá en medio de terribles
sufrimientos en una creciente y alegre espera del
paraíso, que culminará el 10 de febrero
de 1933. Su cuerpo reposa en Valverde.
Fuente: Salesianos-madrid.com


Luis Versiglia y Calixto Caravario
Junto
con ellos, otros 118 mártires, fueron asesinados
en China a lo largo de casi tres siglos (1648 1930).
El grupo de los mártires está compuesto
por 87 chinos, 13 franceses, 12 italianos, 6 españoles,
1 belga y 1 holandés. Abarca personas de todas
las edades: de los 9 a los 79 años. Pertenecen
a 7 congregaciones religiosas:
Orden de los Hermanos Predicadores
(6), Sociedad para las Misiones extranjeras de París
y socios (24), Congregación de la Misión
(1), Orden de los Frailes Menores (30), Compañía
de Jesús (56), Instituto Pontificio para las
Misiones en el Extranjero (1), Salesianos de Don Bosco
(2).
El grupo lo forman 70 seglares, 6
obispos, 23 sacerdotes, 8 religiosos, 7 seminaristas
y 6 Franciscanos Seculares. Fueron beatificados en
un período que va de 1893 a 1983. Los más
recientes son nuestros protomártires salesianos,
beatificados por Juan Pablo II el 15 de mayo de 1983.
Desde pequeño, Luis Versiglia
cultivaba el sueño de las misiones. En 1906,
este sueño se realiza y, a los 33 años,
es el responsable de la primera expedición
a China del primer grupo salesianos. Trabajo en Macao,
donde es llamado "padre de los huérfanos"
y donde se le aprecia como director espiritual. En
1920 es elegido como Obispo de Schiu-chow, en la región
del Kwangtung, al sur de la China, en un período
de graves tensiones sociales y políticas que
sacudirán cada vez más las misiones
católicas.
Entre Monseñor Luis Versiglia
y Don Calixto Caravario puede encontrarse el hilo
conductor de una promesa que los unirá para
siempre en el martirio. En 1919, Calixto, joven clérigo
salesiano, manifestó al obispo su voluntad
de reunirse con él cuanto antes en las misiones
de China. La promesa se realizó diez años
más tarde: Calixto fue ordenado sacerdote de
manos de Monseñor Versiglia. Su sacerdocio
fue muy breve, apenas ocho meses, que celebrará
definitivamente con su último y solemne ofertorio:
su propia vida.
Los dos santos fueron asesinados
el 25 de febrero de 1930, en Lai-Tau-Tsui.
Viajaban en barca por el río
Lin-chow junto con tres hombres, cuatro mujeres, -tres
de las cuales eran jóvenes-, y a las personas
de la tripulación. Fueron detenidos por una
banda compuesta por unos diez hombres en busca de
dinero y de objetos de valor pero, cuando éstos
notaron la presencia de las jóvenes, dirigieron
toda su atención a ellas. Los dos misioneros
intuyeron las intenciones de los bandidos y se opusieron
con decisión, pero fueron golpeados y asesinados
por su resistencia en la defensa del honor de las
tres muchachas. En el momento de morir, suplicaron
a Dios el perdón para aquellos asesinos.
Los protomártires salesianos,
junto a los otros mártires del grupo, constituyen
la expresión del servicio misionero universal
de la Iglesia. Su martirio ha unido a cristianos chinos
y extranjeros, seglares y sacerdotes, hombres y mujeres
de todas las edades; signo de que la fe cristiana
sabe superar las fronteras nacionales y raciales y
procura crear una sola comunidad de santos que celebra
con Dios la liturgia celestial.
Los mártires chinos son los
primeros santos canonizados pertenecientes a la región
más populosa del mundo.
(fuente: www.sdb.org)
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San Francisco de Sales
San Juan Bosco
Santa María D. Mazzarello
Santo Domingo Savio
San Luis Versiglia
San Calixto Caravario
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Beato Miguel Rua
Beata Laura Vicuña
Beato Felipe Rinaldi
Beata Magdalena Morano
Beato José Kowalaski y 5 jóvenes
Beato José Calazans y 31 compañeros
Beato Artemides Zatti
Beata María Romero
Beato Luis Versiglia
Beato Augusto Czartorysky
Beata Eusebia Palomino
Beata Alexandrina
Ma. Da Costa
Beato Alberto Marvelli
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Adolfo Komorek
Andrés Beltrami
Ceferino Namuncurá
Teresa ValsᨠPantellini
Dorotea de Chopitea
Vicente Cimatti
Simón Srugi
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Luis Olivares
Sáiz Aparicio y 62 compañeros. (Mártires
de Madrid y Sevilla)
Giuseppe Quadrio
Margarita Occhiena
Maria Troncatti
Laura Meozzi
Atilio Giordani
Augusto Hlond
Elias Comini
Octavio Ortiz
Ignacio Stuchly
Lustosa de Almeida
José Arribat
Francisco Convertini
Matilde Salem
Stefano Ferrando
Carlo Della Torre
José Vandor
Mártires Polacos
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