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Salesianos en Bolivia
Espiritualidad Salesiana |
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Don Bosco trabajó y dedicó
su vida a la formación de la
juventud, sólo le bastaba que
fueran jóvenes para que los quiera
con toda su alma. Pero lo más
sorprendente de este amor era el convencimiento
de que todo joven era capaz de ser santo,
lo cual hoy en día es una realidad
y se convierte en la característica
que diferencia a los Salesianos, ya
que son muchos los ejemplos de santidad
juvenil , cuyos mejores representantes
son Santo Domingo Savio y la Beata Laura
Vicuña, que nos demuestran que
no es necesario llevar una vida religiosa
para poder obtener la santidad, la cual
se puede lograr en la vida ordinaria
y común.
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Domingo
Savio - "Mínot" para sus padres,
que significa Dominguito- nació en San Juan
de la Riva, cerca de Chieri; pero cuando tenía
sólo unos veinte meses, sus padres —Carlino
Savio y Brígida Gaiato— se trasladaron
a Murialdo, donde nacieron sus hermanos. En 1847,
su madre lo lleva a la Iglesia, cuyo párroco
era Don Juan Zucca. Aprende a ayudar en misa, llegando
a ser un monaguillo ideal, que hasta incluso Don
Zucca cuando le pedía el Misal hacía
bromas de su estatura y reían juntos.
En febrero de 1849, toda la familia
se traslada a Mondonio. Domingo tiene siete años
y una preparación y madurez poco común
para su edad. El 8 de abril de 1849, Domingo recibe
su primera comunión en la Parroquia de Castelnuovo
de Asti. Arrodillado al pie del altar, con las manos
juntas, pronunció los propósitos que
venía preparando desde hace tiempo:
Propósitos que yo, Domingo Savio, hice el
año de 1849, a los siete años de edad,
el día de mi primera comunión:
1. Me confesaré muy a menudo
y recibiré la sagrada comunión siempre
que el confesor me lo permita.
2. Quiero santificar los días de fiesta.
3. Mis amigos serán Jesús y María.
4. Antes morir que pecar.
5. Estar siempre alegre.
En 1854 (a los once años
de edad) entra a formar parte del oratorio de Don
Bosco. Sería un alumno fuera de lo común
y expresará sus deseos de convertirse en
sacerdote. Seis meses luego de ingresado al Oratorio,
tras un sermón del Padre Bosco acerca de
la austeridad y el sacrificio, donde remarcaba que
cuando uno se siente oprimido por alguna calamidad
o molestia del cuerpo, hay que ofrecérselo
a la Virgen. Éste sería el medio más
adecuado para llegar a la más alta perfección.
En ese momento el niño Domingo se propuso
convertirse en santo.Domingo comenzó a realizar
austeridades de todo tipo, como consumir sólo
la mitad de su ración de comida, dormir menos
tiempo y rezar más. Sentía gran devoción
por la Virgen María, llegando a permanecer
más de cinco horas diarias rezando.
Una noche de invierno, Don Bosco
encontró a Domingo temblando de frío
en la cama, sin más cobertor que una sábana.
—¿Te has vuelto loco? ¡Vas a
coger una pulmonía!
—No lo creo —respondió Domingo—.
Nuestro Señor no cogió ninguna pulmonía
en el establo de Belén.
Desde entonces Don Bosco le prohibió
formalmente hacer ninguna penitencia sin su permiso.
Domingo quedó triste. El Padre le insistió
que la penitencia que Dios quiere es la obediencia
a los superiores.
Muere
el joven santo
Tal como había predicho
Don Bosco, la salud de Domingo empezó a empeorar.
En febrero de 1857 tuvo fuertísimos accesos
de tos que le obligaron a guardar cama durante semanas.
El domingo 1 de marzo fue enviado de vuelta a la
casa de sus padres, en Mondonio. Un médico
diagnosticó que padecía de algún
tipo de inflamación en los pulmones y decidió
sangrarlo, según se acostumbraba en aquella
época. Domingo siguió empeorando.
Los primeros días de marzo
de 1857, Domingo dio los últimos sacramentos.
Al anochecer del lunes 9 de marzo rogó a
su padre que recitara las oraciones por los agonizantes.
A las diez de la noche trató de incorporarse
y murmuró: «Adiós, papá.
El Padre me dijo una cosa, pero no puedo recordarla».
Súbitamente su rostro se transfiguró
con una sonrisa de gozo, y exclamó: «¡Estoy
viendo cosas maravillosas!». Esas fueron sus
últimas palabras. Fue sepultado el miércoles
11 de marzo de 1857. Sus restos permanecieron en
la capilla del cementerio de Mondonio. En 1914 el
obispo de Turín ordenó que los restos
fueran trasladados a Turín. Los campesinos
de Mondonio se negaron a perder a su santo, y empezaron
a turnarse día y noche para evitar el traslado.
En octubre de 1914, la Iglesia pidió a las
autoridades civiles de Mondonio que intervinieran.
Los huesos de Savio fueron trasladados a la Basílica
de María Auxiliadora, en Turín.


La hija que ofreció la vida por salvar a
la madre.
Nació en Santiago de Chile,
el 5 de abril de 1891 y murió en Argentina
el 22 de enero de 1904, a la edad de sólo
13 años. El Papa Juan Pablo II la beatificó
el 3 de septiembre de 1988.
Su padre es un alto militar y jefe
político de Chile. Una revolución
derroca al gobierno y la familia Vicuña tiene
que salir huyendo, desterrados a 500 kilómetros
de la capital. Allá muere el papá
y la familia queda en la miseria. Laura tiene apenas
dos años cuando queda huérfana de
padre. La mamá, con sus dos hijas, Laura
y Julia, emprende un larguísimo viaje de
ocho meses hacia las pampas de Argentina. Allá
encuentra un ganadero brutal y matón, y movida
por su gran miseria, la pobre Mercedes se va a vivir
con él en unión libre. El hombre se
llamaba Manuel Mora. En 1900 Laura es internada
en el colegio de las Hermanas Salesianas de María
Auxiliadora en el colegio de Junín de los
Andes. Allí, en clase de religión,
al oír que la profesora dice que a Dios le
disgustan mucho los que viven en unión libre,
sin casarse, la niña cae desmayada de espanto.
En la próxima clase de religión, cuando
la religiosa empieza a hablar otra vez de unión
libre, la niña empieza a palidecer. La profesora
cambia de tema pero consulta el caso con la hermana
directora del colegio: "¿Por qué
será que Laura Vicuña se asusta tanto
cuando se habla del pecado que es el vivir en unión
libre?". La superiora le aconseja: "Vuelva
a tratar de ese tema, y si ve que la niña
se asusta, cambie de tema". Así lo hace.
Laurita se ha dado cuenta de un
gravísimo mal: su madre, el ser que ella
más ama en el mundo, después de Dios
y la Virgen, su mamá Mercedes, vive en pecado
mortal y está en grave peligro de condenación
eterna. ¡Es terrible!.
Y Laura hace un plan: ofrecerá
su vida a Dios, con tal de que la mamá abandone
a ese hombre con el cual vive en pecado. Comunica
el plan al confesor, el Padre Crestanello, salesiano.
El le dice: "Mira que eso es muy serio. Dios
puede aceptarte tu propuesta y te puede llegar la
muerte muy pronto". Pero la niña está
resuelta a salvar el alma de la mamá a cualquier
costo, y ofrece su vida al Señor Dios, en
sacrificio para salvar el alma de la propia madre.
En el colegio es admirada por las demás alumnas
como la mejor compañera, la más amable
y servicial. Las superioras se quedan maravilladas
de su obediencia y del enorme amor que siente por
Jesús Sacramentado y por María Auxiliadora.
El día de su primera comunión ofrece
su vida en sacrificio a Jesús, y al ser admitida
como "Hija de María", consagra
su pureza a la Sma. Virgen María. Va a pasar
vacaciones a donde vive su madre. Manuel Mora trata
de irrespetarla pero ella no lo permite. Prefiere
ser abofeteada y azotada brutalmente por él
pero no admite ningún irrespeto a su virtud.
Manuel aprende a respetarla. En una gran inundación
que invade el colegio, Laura por salvar la vida
de las más pequeñas, pasa largas horas
de la noche entre las friísimas aguas sacando
niñas en peligro, y adquiere una dolorosa
enfermedad en los riñones. Dios empieza a
aceptar el sacrificio que le ofreció por
salvar el alma de su mamá.
Laura empieza a palidecer y a debilitarse.
Siente enorme tristeza al oír de los superiores
que no la podrán aceptar como religiosa porque
su madre vive en concubinato. Sigue orando por ella.
Cae a cama. Dolores intensísimos. Vómitos
continuos. Se retuerce del dolor. La vida de Laura
se está apagando. "Señor: que
yo sufre todo lo que a Ti te parezca bien, pero
que mi madre se convierta y se salve". Va a
entrar en agonía. La madre se acerca. "Mamá,
desde hace dos años ofrecí mi vida
a Dios en sacrificio para obtener que tu no vivas
más en unión libre. Que te separes
de ese hombre y vivas santamente". Mamá:
¿antes de morir tendré la alegría
de que te arrepientas, y le pidas perdón
a Dios y empieces a vivir santamente? "¡Ay
hija mía! Exclama doña Mercedes llorando,
¿entonces yo soy la causa de tu enfermedad
y de tu muerte? Pobre de mí ¡Oh Laurita,
qué amor tan grande has tenido hacia mí!
Te lo juro ahora mismo. Desde hoy ya nunca volveré
a vivir con ese hombre. Dios es testigo de mi promesa.
Estoy arrepentida. Desde hoy cambiará mi
vida".
Laura manda llamar al Padre Confesor.
"Padre, mi mamá promete solemnemente
a Dios abandonar desde hoy mismo a aquel hombre".
Madre e hija se abrazan llorando.
Desde aquel momento el rostro de
Laura se torna sereno y alegre. Siente que ya nada
le retiene en esta tierra. La Divina Misericordia
ha triunfado en el corazón de su amadísma
mamacita. Su misión en este mundo ya está
cumplida. Dios la llama al Paraíso.
Recibe la unción de los
enfermos y su última comunión. Besa
repetidamente el crucifijo. A su amiga que reza
junto a su lecho de moribunda le dice: ¡Que
contenta se siente el alma a la hora de la muerte,
cuando se ama a Jesucristo y a María Santísima!.
Lanza una última mirada a la imagen que está
frente a su cama y exclama: "Gracias Jesús,
gracias María", y muere dulcemente.
Era el 22 de enero de 1904. Iba a cumplir los 13
años. La madre tuvo que cambiarse de nombre
y salir disfrazada de aquella región para
verse libre del hombre que la perseguía.
Y el resto de su vida llevó una vida santa.
Laura Vicuña ha hecho muchos milagros a los
que le piden que rece por ellos ante Nuestro Señor.
Y el Papa Juan Pablo II la declaró Beata
en 1988.
Señor Jesús: Tú
que concediste a Laura Vicuña la gracia de
ofrecer su vida por la salvación del alma
de su propia madre, concédenos también
a todos nosotros la gracia de obtener buenas obras,
la conversión y salvación de muchos
pecadores. Amén.


El
beato Ceferino Namuncurá Burgos nació
en Chimpay, Río Negro el 26 de agosto de
1886 y murió en Roma el 11 de mayo de 1905,
era un joven laico salesiano argentino de orígenes
mapuches y criollos.
Nació en la reducción
mapuche de Chimpay. Era hijo de Rosario Burgos (cautiva
"huinca" chilena) y del cacique Manuel
Namuncurá, un célebre líder
que luchó heroicamente, en la batalla del
5 de mayo de 1883 contra el Ejército Argentino
comandado por el general Julio Argentino Roca y
nieto del caudillo mapuche Calfucurá. Al
año de edad, en 1887, Ceferino salva su vida
milagrosamente de perecer ahogado en el Río
Negro, mientras jugaba en sus orillas. Ese mismo
año, el 24 de diciembre en vísperas
de Navidad, fue bautizado por el misionero salesiano
padre Domingo Milanesio, gran defensor de los pueblos
originarios. A los 11 años le pide a este
salesiano que lo lleve a estudiar para luego regresar
y así poder enseñar a los de su pueblo.
Su padre, siendo el cacique de
la nación mapuche, es elevado al rango de
Coronel de la Nación y lo lleva a Buenos
Aires siendo recibido por el General Luis María
Campos, su amigo y entonces Ministro de Guerra y
Marina. Ceferino ingresa en los talleres que la
Armada tenía en la localidad de Tigre y permanece
allí 3 meses, pero luego le escribe a su
papá que lo saque porque no le gusta ese
ambiente y esa profesión. El Coronel Manuel
Namuncurá recurre a su amigo el Dr. Luis
Sáenz Peña, ex presidente argentino,
quien recomienda a Ceferino a los Salesianos. El
20 de septiembre de 1897 Ceferino es inscripto como
alumno estudiante interno. Paulatinamente Ceferino
se va adaptando al ambiente, se dedica en cuerpo
y alma al estudio, aprende el idioma castellano
y apasionadamente el catecismo. Es un excelente,
divertido y paciente compañero. El 8 de septiembre
de 1898 Ceferino recibe la Primera Comunión
y, un año más tarde el 5 de noviembre
de 1899, recibe el Sacramento de la Confirmación
en la Iglesia Parroquial de San Carlos de manos
de Monseñor Gregorio Romero. Una de las curiosidades
en la vida de Ceferino Namuncurá es que él
y Carlos Gardel (futuro actor y cantante de tangos)
eran amigos y alumnos internos del colegio salesiano
Pío IX, ambos integraron el coro, cantaron
juntos en la capilla y en actos culturales.
A principios de 1902 su salud comienza
a deteriorarse y por los estudios que le realizan
encuentran que contrajo tuberculosis. Monseñor
Juan Cagliero entonces, decide trasladarlo a Viedma,
con la esperanza de que los aires nativos ayuden
a recuperar la salud. Sin más, a comienzos
de 1903, en el colegio "San Francisco de Sales"
de Viedma comienza su estudio secundario como aspirante
salesiano. El sacerdote médico Evasio Garrone
juntamente con el enfermero del hospital el Beato
Artémides Zatti cuidan de Ceferino. El 19
de julio de 1904 con 17 años, Ceferino es
trasladado a Turín, Italia por Monseñor
Cagliero, los salesianos pensaron que allá
recuperaría la salud y podría continuar
sus estudios de sacerdocio. Estudia en el colegio
salesiano de "Villa Sora" (Frascati, Roma).
En Turín, el Beato Miguel Rua, el primer
sucesor de San Juan Bosco, conversa varias veces
por semana con el buen indiecito, pero el acontecimiento
de su vida fue el 27 de septiembre de 1904, Ceferino
visita al Papa Pío X, junto con Monseñor
Cagliero, los sacerdotes José Vespignani
y Evasio Garrone y otros salesianos. A Ceferino
le encomendaron la tarea de pronunciar un breve
discurso con unas emocionadas palabras y obsequia
al Papa un Quillango Mapuche. Pío X se conmueve,
lo bendice y le obsequia la medalla destinada a
los príncipes.
En marzo de 1905, la tuberculosis
hace estragos en la salud de Ceferino y la cruel
enfermedad avanza inexorablemente. Es internado
en el Hospital de los Hermanos de San Juan de Dios
y es atendido dos veces al día por el Dr.
José Lapponi - médico personal de
los Papas León XIII y Pío X.
El 11 de mayo de ese mismo año
muere a los 18 años de edad Ceferino Namuncurá
acompañado por Monseñor Cagliero a
quién dijo sus últimas palabras: "¡
Bendito sea Dios y María Santísima!,
Basta que pueda salvar mi alma, y en los demás
que se haga la santa voluntad de Dios".
Sus exequias fueron muy humildes,
como su vida lo fue, enterrado el día posterior
a su fallecimiento en el cementerio popular de Roma,
en Campoverano, con la presencia de pocos salesianos
y compañeros de estudio bajo el amparo de
una simple cruz de madera con su nombre señala
el lugar en que yacen sus restos.
En 1924 los restos de Ceferino
Namuncurá son repatriados por orden del presidente
Marcelo T. de Alvear y llevados al cementerio de
Fortín Mercedes.
En 1930 sacerdote Luís J.
Pedemonte comienza a propagar las virtudes y la
devoción al "Indiecito Santo" con
lo cual recoge y publica abundantes testimonios
de gracias recibidas por aquellos que lo rezaban
y lo conocieron. El 2 de mayo de 1944 se inicia
la Causa de Beatificación y el 3 de marzo
de 1957 el Papa Pío XII aprueba la introducción
de la Causa de Beatificación de Ceferino
Namuncurá. Quince años más
tarde el 22 de junio de 1972 el Papa Pablo VI lo
declara Venerable. Fue el primer argentino que llegó
a esa altura de santidad. La devoción popular
a Ceferino Namuncurá se fue difundiendo desde
mediados de siglo XX por toda la Argentina. Es así
que a fines de los 1960s ya era muy común
encontrar estampitas dedicadas a San Ceferino en
plena ciudad de Buenos Aires, de este modo su foto
se hizo tan popular que muchas papeletas de propaganda
en las cuales ofrecían y ofrecen sus servicios
los "plomeros" — fontaneros—,
albañiles y trabajadores de oficios afines
tienen impresas el rostro del beato.
Desde 1991 sus restos descansan
en el Santuario de María Auxiliadora de Fortín
Mercedes. El 7 de julio de 2007 el papa Benedicto
XVI firmó el decreto que declara a Ceferino
Namuncurá como beato. El pontífice
recibió al cardenal José Saraiva Martins,
el por entonces prefecto de la Congregación
para la Causa de los Santos, y autorizó a
la Congregación a promulgar una serie de
decretos, entre los cuales el que declara beato
a "Siervo de Dios Ceferino Namuncurá".
El 11 de noviembre de 2007 el enviado papal, cardenal
Tarcisio Bertone, proclamó beato a Ceferino
Namuncurá, ante mas de 100.00 personas en
una ceremonia de beatificación en Chimpay,
Río Negro, solar natal del joven salesiano.
Una junta médica del Vaticano consideró
que la curación de Valeria Herrera, una joven
madre de Córdoba, Argentina de 24 años
en el año 2000 afectada por cáncer
de útero fue un milagro por la intercesión
de Ceferino Namuncurá. La mujer llego a poder
concebir con posterioridad. Este es el antecedente
que se tuvo en cuenta para su beatificación,
misma que se llevó a cabo el 11 de noviembre
de 2007 bajo el pontificado de Benedicto XVI.
fuente: catholic.net
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* Nacimiento 21 de agosto, 1567 Sales, Saboya
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* Fallecimiento 28 de diciembre, 1622 Lyon
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* Venerado en Iglesia Catílica Romana, Comunión
Anglicana
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* Beatificación 8 de enero, 1662 por el Papa
Alejandro VII
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* Canonización 19 de abril, 1665 por el Papa
Alejandro VII Festividad 24 de enero
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